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Agosto 2013
Fortalecer la hermandad
¿Qué mundo les dejaremos?
Perfil: Coach Pieter Strik
Entrevista: Diego Pérez
Carmen: En tus zapatos
Trotamundos: Manuela de Agrela
Álbum familiar: Tessa García
Plan de acción: ¿Cómo aficionarlo a
los cuentos?
Encuentro: Comunicación no violenta
Trompo
Tiempo nuestro
Mini Tips
Diciembre 2012
Trastornos de alimentación
Entrevista: Así nutren ellos
Que las mesas también celebren
Entrevista: Carlos González
Carmen: Nútreme mucho
Trotamundos: Florencia Delbene
Álbum familiar: Patricia Wolf
Plan de acción: Inteligencia financiera
Vibraciones de sabor
Coaching: María B. Settembri
Estilo: ¡A jugar se ha dicho!
Tiempo nuestro
Mini Tips
Agosto 2012
Entrevista: Así educan ellas
Plan de acción: El Arte de vivir
Aprender juntos nos hace bien
Educación: Colegio Rudolf Steiner
Carmen: ¡Waldorf en Montevideo!
Trotamundos: Mónica Mariño en Italia
Álbum familiar: “El Pelado” López
Tiempo nuestro
Mayo 2012
El precio de la perfección
Entrevista: Sol Rueda
Trotamundos: Ximena Torres
Ideas: Libros de familia
Mom in the city
Árboles familiares
Plan de acción: Hora de deberes
Tiempo nuestro
Álbum familiar: María Gomensoro

“Para entregar vida, primero hay que tenerla”

Conversar con Diego Pérez es fácil. En un mundo apurado, el sacerdote se toma sus pausas. Escucha. Su tono es cálido pero firme. Mira a los ojos. Habla claro. Pregunta a cada rato si se entiende. Busca el intercambio. No se pierde en monólogos. A la hora de educar, este médico veterinario, licenciado en Teología, recuerda a los padres la frase de Pablo VI ‘El hombre de hoy precisa más testigos que maestros’. Su lenguaje campechano, capaz de traducir en simples palabras y ejemplos cotidianos los significados más profundos, es un don que lo acerca a la gente, y que lo lleva a trabajar desde hace 25 años en la dirección espiritual de la institución Dalmanutá.

Desde su experiencia, ¿cómo ve a la familia de hoy?
Distinta. La concepción de familia cambió. No tengo duda que está en crisis. Por un lado, parecería que se nos va el partido de las manos, pero por otro, por algo hay crisis. Las crisis son también oportunidades para renovar. Pienso que hoy muchos de los problemas de vacíos existenciales, de frustraciones afectivas, se dan porque la libertad se presenta como un valor absoluto sin contenido. Muchas veces esa amplitud de posibilidades sin norte hace que los jóvenes se encuentren no con opciones en la vida sino con su propio vacío. Nietzche tiene una frase muy buena: “Quién dispone de un por qué por el cual vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”. Hoy creo que no se insiste en el por qué por el cual vivir, sino que se presentan distintas alternativas del tipo “sé libre” y “hacé lo que te parezca”. Pero falta un valor objetivo, que tenga consistencia en sí mismo, que estimule a un joven o a una joven a decir: “Esto para mí vale la pena”. En la vida las cosas valen la pena cuando valen más que uno mismo.

Entonces, en su opinión, ¿la diversidad de opciones no nos hace más libres?
Hoy hay como una dificultad o resistencia a tomar compromisos definitivos, a jugársela, con todos los riesgos que eso implica, pero también con toda la fe. Las opciones en la vida, por un lado nos condicionan y por otro lado nos hacen libres. El que no tiene opciones en la vida, no sabe cual es su camino. Es un compromiso que te obliga y tu vida depende más de un compromiso que de ti mismo, pero eso en lugar de cercenar la libertad, la realiza. Hoy tenemos una concepción de la libertad y la cultura que es la de “hacer lo que pinta”. Y en cambio, para mi la libertad es encontrar el camino por el cual tú te jugás en la vida. No conozco a nadie que sea libre porque tiene todo lo que quiso tener, lo que compró. Más bien son esclavos. El hombre libre es dueño de sus cosas porque está desprendido. No tengo duda de que la riqueza del hombre va por lo interno.

¿Cree que vivimos en un mundo con menos certezas que antes?
Para mi, sacerdote y hombre de fe, mi única certeza es la fe, que es una certeza estimativa. Uno cree en algo que no lo tiene totalmente comprobado. Es una certeza que te jugás la vida por algo que sabés que tiene mucho valor pero que se mueve en el terreno de lo desconocido. Hay muchas certezas que se han caído en el mundo actual. Y hay decepción en cuanto a muchas certezas. Todo lo que no vaya en la línea de transformar al hombre en su interior, no va a hacer nunca feliz a nadie. Por más que satisfaga demandas ocasionales. El cambio del hombre nuevo precisa que el hombre nuevo se cambie a sí mismo y no que venga de una periferia política, musical, deportiva, etcétera. Desde lo externo. Si hoy los que critican a otros no son capaces de criticar dentro de sí mismos sus propios esquemas de poder, cuando estén arriba van a tener el mismo poder que los otros tuvieron pero con signo distinto. Creo que la revolución pasa por la revolución interna. La Madre Teresa decía: “Yo soy una gota en medio del océano”. Y punto. Tú hacé lo mismo y moveremos el mundo.

¿El mundo está en nuestras manos? ¿Qué hay de transmitir a nuestros hijos que en la vida todo depende de cada uno?
Ahí creo que hay dos cosas. La autosuficiencia del hombre, tarde o temprano, se estrella. La responsabilidad es otra cosa. Siempre nombro una frase de San Ignacio de Loyola que dice: “Tal ha de ser tu actuar en todas las cosas como si todo dependiese de ti y no de Dios, pero tal ha de ser tu fe en todas las cosas como si todo dependiese de Dios y no de ti”. El que el hombre se sienta dueño de su historia y que maneja el auto de la vida es una gran mentira. Lo que más conviene es ir de copiloto cebándole el mate a Dios. Amar, como dice Carl Jung, al “Sí mismo”, con mayúscula, que es el centro interior de cada uno de nosotros. Uno tiene que llenar el propio tanque para poder andar en la vida y llevar a otros en su auto. Y en el vínculo de padres e hijos se perciben claras las consecuencias de afectos mal resueltos; muchas veces deriva en una compensación de lo que los padres no se aman entre ellos o de lo que no se aman a sí mismos. El resultado es el niño como un absoluto en la vida. Creo que una buena educación es educar al niño en lo relativo. Si un padre lo sofoca con amor, lo ahoga. En cambio, si un padre lo hace relativo al amor que se tiene con su pareja, ese es un mensaje mucho más fuerte, ahí el hijo está creciendo sobre bases sólidas.

Nuestra cultura fomenta mucho la buena actitud ante la vida, la tan de moda psicología positiva, presentada a veces como una fórmula infalible a la hora de alejar enfermedades, frustraciones y otros males. ¿Por qué hoy nos cuesta tanto aceptar que el sufrimiento y la frustración forman parte de la vida?

Ahí está lo que significa la cruz en la vida personal. Para los cristianos, es la cruz de Cristo. Y desde allí tenemos una tendencia a la elevación en nuestras vidas. Cuando uno trabaja sinceramente consigo mismo su polaridad negativa, pienso que esa es la mejor manera de amar al prójimo. Porque sino inconscientemente le estamos cargando al prójimo lo que nosotros no asumimos. Si uno tiene esa capacidad de reconciliarse con lo que no quiere reconocer de sí mismo, después es una persona que transmite paz y reconciliación. La gran revolución en el mundo es el cambio del hombre consigo mismo. Aunque sea una utopía, es el camino. Los ideales se esfuman por los hombres débiles. Uno quiere arreglar un matrimonio, yo diría: que cada uno haga una buena introspección y además, que cada uno busque a Dios. La cruz tiene un eje vertical, que yo lo refiero a la búsqueda de lo espiritual pero también tiene un eje horizontal, que implica que uno se atraviesa con sus propias limitaciones, con las limitaciones del entorno, con todo ese ideal siempre está pautado por un límite. Que fue también lo que vivió Cristo. Él vivió el límite humano hasta las últimas consecuencias. En el dolor, en la humillación, en el desprecio. El símbolo de la cruz para mi es un signo que tiene que ver con el equilibro en la vida de cada hombre. El hombre que le saca el cuerpo a su propia cruz, le saca el cuerpo a su vida.

¿A qué nos aferramos entonces?
Creo que en la vida cuando se elige algo es importante dónde lo elijo, cómo lo elijo y para qué lo elijo. En la medida de que esas elecciones de vida uno las haga mirándose a sí mismo no en cuanto a narcisismo sino en cuanto a lo que realmente el alma quiere, genera una estancia de discernimiento, de búsqueda, de nivel de soluciones que no tocan simplemente lo que yo voy a hacer como profesional o demás, sino la elección de vivir la vida como quien se elige uno a sí mismo. En determinada etapa, cuando uno ya hizo varias elecciones importantes, la cuestión no es cuestionar qué se eligió, porque ya se eligió y es de por vida, sino el cuestionar cómo se eligió. Profundizar. Renovar una elección. A veces hay desencantos que muchas veces se transforman en frustración. ¿Y por qué no se pueden transformar en recreación? Si los padres están angustiados, transmiten angustia. Si los padres tienen fe, transmiten fe. Si los padres se aman entre sí, transmiten seguridad afectiva. Cuando veo que los padres mandan a los niños al psicólogo, pienso ¡qué vayan ellos en lugar de a los hijos!

¿Qué valor tiene el compromiso con el otro?
Creo que muchas veces es un eslogan. Para tener un buen compromiso con el otro tenés que tener mucho amor en serio. Eso implica estar muy comprometido con uno mismo en el buen sentido. Puede haber una entrega a los demás que sea un escapismo de uno mismo. La entrega a los demás sin saber quien es uno… No estoy hablando de que estén mal las obras por el prójimo ni mucho menos, pero muchas veces así como en las instituciones fuertes es necesario que haya individuos fuertes, el compromiso a los demás requiere personas que amen bien y maduramente. Estamos hablando que el compromiso con los demás es entregar la vida, pero para entregar la vida hay que tenerla.

¿Cómo educamos a nuestros hijos en este marco teniendo en cuenta que a veces los padres también estamos desencantados?
Para educar vidas hay que tener vida. Muchas veces los padres están sometidos a una responsabilidad para la cual no están preparados. No es un tema de estudio ni de conocimiento, me refiero a estar preparados en aquello para lo cual han sido padres. No es simplemente para procrear, sino para procrear como consecuencia de un amor. Y para el amor justamente se precisa estar encantado con lo que amás. No sólo con la persona amada sino que uno mismo estar encantado con su vida. Faltan padres encantados con sus cónyuges y consigo mismos. Creo que el fundamento de la educación es educar a los hijos buscando generar en ellos una madurez afectiva que sea un reflejo del amor que los padres se tienen entre sí. Para mi la educación en el amor es una educación desde el amor y para el amor. Obviamente que lo religioso incorpora un plus muy superior a esto que estamos diciendo. En la educación habría que incorporar una frase conocida que es: “Médico cúrate a ti mismo”. Si querés curar, está tú curado. Si querés educar, está tú educado. Sino vas a estar desplazando lo que tú no hacés contigo mismo a los demás. Por supuesto que es un camino. Uno nunca termina.

La familia como célula vital de la sociedad…
Es que no hay que extrapolarse en un proyecto educacional que no tenga que ver con lo que es el matrimonio como amor en sí mismo y cada uno como ubicados entre ellos y en Dios. Esa es la educación por excelencia. Lo cual no excluye después el discernimiento por los colegios y otras cosas. Los valores son la consecuencia de un ser, no de una programación estructurada que no siempre es un buen testimonio religioso. Se educa con normas, lo cual está bien, pero no siempre los niños ven la coherencia en los padres con las normas con las que los educan. Juan Pablo VI decía: “El hombre de hoy precisa más testigos que maestros”. Es totalmente aplicable a hoy. El niño precisa ejemplos. Los padres son imágenes de Dios en la vida de sus hijos. Hoy tus hijos dependen de tu fe y la de tu marido, no de una preocupación extrínseca, sino de la consecuencia de lo que te nutre. La fe es como que uno tenga un tanque de agua y tus hijos te dicen: “Mamá dame agua” y te sale darle lo que tenés. Entonces, tené el tanque lleno de agua y vas a tener agua para dar.

¿En qué consiste la dirección espiritual?

“En Dalmanutá lo que hacemos como apostolado prioritario es la dirección espiritual entendida como un proceso, no como una consulta esporádica. Es un camino que no tiene como instrumento la enseñanza conceptual del Evangelio sino el ir acompañando dialécticamente la vida de otras personas que se muestran interesadas en recuperar, cuidar, encender, alimentar, los valores interiores. Desde el punto de vista de la fe nos vamos encontrando con el Dios que habita en cada uno de nosotros. El director no dirige, sino que acompaña la acción del Espíritu Santo en el alma de una persona”.
 
NOTA: Todas la fotos tienen derechos reservados de autor.
 
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